El agredecimiento del hijo de los dos intoxicados en Villamanín, León

El pasado 28 de enero, dos personas resultaron intoxicadas por monóxido en Villamanín, León.

Los afectados, una mujer de 64 años y un varón de 65 años, fueron trasladados al Complejo Asistencial de León.

Tras el suceso, el hijo de los afectados ha querido completar la historia tras el suceso y agradecer que salvasen la vida de sus padres.

La carta de agradecimiento completa

El lunes pasado, este diario, entre otros, se hacían eco de un rescate en el pueblo de Villamanín, (León) por parte del equipo de emergencias 112. Lugar por otro lado, que en estos meses de invierno no tendrá más de 50 personas pernoctando en él, -aunque algún ángel sí que hay-.

Todos sabemos que la vida es caprichosa, pero este día quiso que uno de sus vecinos estuviese atento a lo que sucedía por aquellos lares. Esto hizo que dos personas anónimas puedan continuar escribiendo en el libro de la vida. Era una mañana fría, propia del mes de enero y lo que más apetecía era dormir toda la mañana y no salir de la cama en todo el día, calentito y bien tapado dentro de las sábanas, sin ni siquiera sacar la nariz para ver lo que ocurría ahí fuera.

Lo que nadie podía esperar es que en el primer piso de aquel edificio, había dos personas moribundas respirando un gas tóxico, (dióxido de carbono) sin todavía a día de hoy saber durante cuánto tiempo lo estuvieron respirando. Aquella noche no llegaron a la cama, se quedaron “dormidos” en una mala postura y en un pequeño e incómodo sofá de salón, creemos que más de doce horas, inhalando aquel humo tóxico.

La noche anterior pensaron en calentar un pequeño apartamento de veraneo, a base de chimenea, lo que no sabían era que se iban a convertir en sus propios verdugos. Aquella antigua cocina de carbón, que llevaba más de cuatro años sin encenderse y que todos en la familia la recordábamos con anhelo, pudo ser el detonante que terminara con sus vidas. Gracias a “todo un poco”, lo podrán seguir contando, pero ahora a modo de una simple anécdota.

La vida es así, te da una de cal y otra de arena, me repitieron durante días los doctores. En este caso a mí me ha dado un ramillete de momentos difíciles de olvidar, para bien o para mal. Pero lo que sí sé, es que serán difíciles de despistar de mi cabeza.

Hoy es un día muy feliz para mí, bueno, para nosotros, a mi Madre le han dado el alta 72 horas después de ingresar por urgencias, recuerdo que entró diciendo frases que no tenían mucho sentido, motivadas posiblemente por el horrible gas que los intoxicó. Mi Padre ya está en planta, habla suave, casi entre susurros, como no queriendo molestar mucho, de puntillas y sin hacer mucho ruido, por si acaso. Él ha estado seis días interminables en la UCI, sin saber si iba a salir de allí o no y en el caso de que saliese, en qué estado.

En estos casos tu vida pasa de tener 24 horas a tener simplemente 15 minutos a las 13 horas y otros 15 minutos a las 19 horas (tiempo que puedes ver a las personas que están en cuidados intensivos). En esa sala de espera, en la que siempre llegas un poco antes de tu hora de entrada, por si te llaman con antelación, casi nunca pasa, se entiende cuando conoces el trabajo que hacen dentro.

Allí nos miramos unos a otros con ojos llorosos, unos escasos segundos, creo que son suficientes. Sin conocernos, sin entender nada, casi sin respirar, pero nos comprendemos y nos damos cuenta que todos estamos allí por una razón similar, razón que siempre pensamos injusta y haciéndonos una sola pregunta ¿Por qué a él?.

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