Nuevas pistas del caso Urdiales, la mujer del crimen de la cabeza de Cantabría

Nuevas pistas del caso Urdiales, la mujer del crimen de la cabeza de Cantabría

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cabeza caja

La Guardia Civil ha realizado una inspección en la casa de Castro Urdiales (Cantabria) donde Jesús Mari Baranda vivía con su pareja, Mari Carmen Merino. Como resultado de la orden de registro y el análisis de la escena se hallaron manchas de sangre en cinco puntos diferentes de la vivienda. Las zonas donde se hallaban más sangre fueron en el pasillo y la pared del piso de arriba, tal y como ha confirmado El Periódico. La mujer, Mari Carmen Merino está en prisión acusada de decapitar al hombre y meter su cabeza en una caja que entregó luego a una vecina.

Todos los datos del Caso Urdiales

El hombre desapareció a mediados del mes de febrero de 2019, según recuerdan sus familiares y han ratificado las investigaciones. Su primo Carlos Ricondo recordó que ya faltó a una matanza celebrada en una finca cercana «el 18 o el 20 de febrero». Entonces le llamaron, sin obtener respuesta. Luego acudieron a su pareja, que les dijo que estaba pasando «unos días en Galicia» y que su teléfono móvil estaba estropeado.

Como seguramente sabréis, la acusada, de nombre Carmen, entregó una cabeza cerrada en una caja a una amiga suya con el pretexto de que eran juguetes eróticos de su pareja. Sin embargo, posteriormente se confirmó que la cabeza pertenecía a Jesús Mari, que llevaba desaparecido desde febrero, aunque el cuerpo sigue sin aparecer.

Jesús Mari solía ir todos los lunes a jugar a las cartas con su cuadrilla, aunque desde el 11 de febrero no volvió a aparecer. Cuando dijo que no podía ir a la cita del 18, sus amigos empezaron a preocuparse.

El 21 de febrero su móvil dejó de funcionar y lo único que supieron de él es un mensaje en el que dijo que iba a seguir “de pasota una temporada”, un mensaje que extrañó a sus amigos. Tampoco apareció en una cena de jubilados del banco, y varios amigos llaman a su pareja Carmen, que aseguró que estaba de viaje en Galicia y que su teléfono se había averiado. Unas explicaciones que también sorprendieron a sus amigos.

Durante la inspección ocular, la mujer explicó a los guardias civiles que tras la desaparición de su pareja, ella no había vuelto a usar el dormitorio conyugal y que prefería dormir en un sofá del piso de abajo. Los investigadores decidieron registrar a fondo ese mueble. Al abrirlo, descubrieron que la mujer había ocultado dentro de él un fajo de billetes que sumaba 10.000 euros.

Tras la desaparición de Jesús Mari Baranda, de su cuenta corriente faltaron 12.500 euros. La mujer contó a la familia del jubilado que se los había llevado él, «para irse a Punta Cana, con algunas fulanas».

Sacó la cabeza a la terraza por su mal olor

La inspección de la Guardia Civil apunta también que Mari Carmen Merino, encarcelada por el crimen, tuvo durante un tiempo la caja con la cabeza del hombre en su interior depositada en el suelo de la terraza de la planta baja de la vivienda, supuestamente para no soportar el olor que desprendía.

Los agentes encontraron el rastro del cuadrado de la caja sobre el suelo. La Guardia Civil y el juez titular del número 3 de Castro Urdiales mantienen abierta la investigación sobre el crimen y el secreto de sumario sobre las pesquisas.

También buscan el resto del cuerpo de Jesús Mari Baranda. En el mismo mes de febrero en que sus familiares empezaron a echarle en falta, Mari Carmen Merino, su pareja, pidió a una limpiadora que acudiera a su casa y se llevara varias bolsas de basura. Le dijo que había limpiado las macetas de la casa y que tenía mucha «tierra para tirar».

La limpiadora recogió las bolsas «negras y pesadas» y las dejó luego en un punto limpio. El cuerpo del hombre puede haber terminado en el vertedero de Meruelo, donde se lleva la basura de esa zona. Jesús Mari Baranda tenía 67 años y estaba jubilado tras haber trabajado como director de una sucursal bancaria.

Separado de su primera esposa y alejado de sus hijos, en el año 2012 conoció en Castro Urdiales a Mari Carmen Merino, que se había instalado en el pueblo, donde trabajaba de camarera. Ambos se enamoraron y la mujer se instaló con él. La investigación de la Guardia Civil descubrió que el hombre, antes de desaparecer, había hecho testamento en favor de ella.

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