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Sabero, el último pueblo leonés en independizarse

Sabero cumple el próximo 10 de enero su 90 aniversario como ayuntamiento independiente, conseguido tras la segregación del municipio de Cistierna. Tras duras negociaciones y luchas entre ambos pueblos, los vecinos y concejales de los pueblos del valle -Alejico, Sabero, Sahelices, Olleros y Sotillos-, lograron ser una entidad administrativa propia, al contar con numerosos recursos económicos que resultaban ser los de mayor aportación al presupuesto del Ayuntamiento matriz. Es el municipio más joven de la provincia.

Concejales de Sabero en 1927.

JUAN MANUEL CASTRO | SABERO

Los concejales de Cistierna se oponían haciendo hincapié en que el valle de Sabero debería ser solidario y, al ser el de mayor riqueza por sus minas, seguir manteniendo la fuerte economía del municipio. Advirtiendo, eso sí, de que algún día las minas se acabarían y la situación se volvería en su contra. ¿Ha llegado ya ese momento? Nunca se sabe, pero lo que sí es cierto es que, según los estudiosos, la historia se repite y Sabero se encuentra sumergido en una crisis económica, en la que nadie quiere volver a los tiempos de las vacas flacas.

La tenacidad de las gentes de antes hizo posible que un 10 de enero, ahora recordado dando nombre a la calle principal de la localidad, que Sabero se constituyó como Ayuntamiento. Muchos años, muchas reuniones y peticiones, muchos argumentos, fundadas y basadas en la economía y el aislamiento del valle, tuvieron que darse para conseguir el objetivo.

En el año 1925 se había producido el último intento de las Juntas Administrativas de Valdesabero, en la sesión plenaria celebrada en Cistierna el día 28 de marzo, en la que los concejales del valle y varios vecinos de los pueblos pedían la segregación del Ayuntamiento de Cistierna, justificando a su favor “diferencias, celos y agravios; alegando el Alcalde de la villa que siempre había existido la mayor armonía sin que se pudiese citar un solo caso que demuestre lo contrario”, según las actas.

Aunque reconoce el regidor municipal que los pueblos del valle saberense, en los últimos años, “han contribuido con una crecida suma, aunque no tan grande como afirman, a sostener las cargas del Ayuntamiento, pero anteriormente, antes de explotarse las minas que hay allí, los demás pueblos del Municipio fueron los paganos y nunca se quejaron de ayudar a sus hermanos que hoy piden la separación y acaso otro día pidan lo contrario, porque el estado floreciente de dichos pueblos obedece a las importantes minas que allí se explotan; pero si por cualquier coincidencia, como estamos viendo a diario, carecen esos trabajos, se arruinarían irremisiblemente porque no había quien les tendiera la mano”.

En otro apartado de la explicación o justificación que aducía entonces el Alcalde de Cistierna, ponía de manifiesto que se habían ejecutado importantes obras en los pueblos del valle, aunque dice en el acta: “Reconozco, y esto prueba mi imparcialidad, que en los pueblos solicitantes no guarda la relación lo en ellos invertido en los dos últimos lustros con las cantidades que han ingresado; pero esto habrá sido porque las necesidades serían menores”. Esto venía a reflejar el descontento de los representantes de los pueblos del valle por las importantes cantidades invertidas en la capitalidad del municipio -Cistierna- que perjudicaban al resto de las poblaciones.

Mayor riqueza

Cistierna, por aquel entonces, defendía que la pérdida de los ingresos que generaban los pueblos de Sabero supondría una pérdida importante de los servicios municipales que se perderían o supondría no cumplir con los compromisos de entonces, peligrando los puestos de secretario, médico, farmacéutico, veterinario, practicante, comadrón, empleados de arbitrios, portero, barrendero, depositario; la renta de la casa habitación de los “señores maestros”, correos y telégrafos; quedando, decían los de Cistierna sin solvencia para pagar los aumentados gastos que sumaban “228.528 pesetas”.

Ante todas estas alegaciones los concejales don Wenceslao García y don Francisco Salan -hoy recordados en el callejero municipal- exponían su disconformidad con las manifestaciones del alcalde, argumentando que la solvencia de Cistierna no se vería gravemente afectada por la petición -no se recoge en el acta el ímpetu y la lucha de los dos representantes del valle, según ha podido constatar este periódico-, sometiéndose a votación arrojó un resultado de nueve votos en contra de la segregación y dos a su favor.

Pero la historia se remonta a muchos años atrás, cuando en 1844, en pleno desarrollo industrial y minero de la Cuenca de Sabero, con el consiguiente enriquecimiento del valle al estar en funcionamiento la fábrica de metalurgia de San Blas, ya  entonces considerada la mejor de España por los antepasados del valle, y dar trabajo a dos mil obreros, se reunieron los cinco pueblos del Valle: Sabero, Sahelices, Olleros, Sotillos y Alejico, y llegaron a la conclusión de que era imprescindible la creación de un nuevo Ayuntamiento independiente.

Era la petición oficial que formulaba el Pedáneo de Sabero, don Claudio Sánchez, que presidía la reunión, y en nombre de las restantes Juntas solicitaba iniciar el expediente de segregación de Cistierna al Gobierno de Su Majestad la Reina Gobernadora de España, Dª. Isabel II, tramitada a través de la Diputación de León.

Insistencia

Este primer intento fue fallido, pero no desalentó a los vecinos de Sabero, que volvieron a insistir cuatro (años) más tarde, enviando un representante de las cinco juntas administrativas. La comitiva iba a la capital, con los gastos pagos, para “gestionar el asunto y conseguir la segregación deseada. Pero, al cabo de unos días, volvió desesperanzada, al comprobar que los representantes municipales de Cistierna tenían “mucha mano” en León.

Pero la tenacidad de los vecinos de entonces volvieron a la carga en 1902, a través del vecino José Hoya, que envió su solicitud al Ministerio de la Gobernación, respaldada por 40 vecinos más; recibiendo por contestación, según el acta, dice secamente: “Que no ha lugar”.

Aislamiento

Este enfrentamiento entre los pueblos del valle y los del municipio de Cistierna dio lugar a que se crease una frontera o fracciones denominadas Jagariz de Arriba -los de la montaña- y otra Jagariz de Abajo -los de la ribera-, siendo dominante esta última al contar con más concejales en el Consistorio.

Las diferencias seguían creciendo, máxime cuando por cuestiones políticas el valle de Sabero queda aislado al conseguir Cistierna la carretera Sahagún a las Arriondas y más tarde el ferrocarril de La Robla a Bilbao, que fue desviado por Yugueros a Boñar, con lo que los pueblos del valle y las explotaciones mineras volvían a quedar sin comunicaciones.

Pero el poder de sacrificio de los vecinos hizo que se construyese el hoy Puente Viejo, sobre el río Esla -hoy se puede ver aún, en paralelo al actual-, que (permitió) comunicarse (a) Sabero con el resto de los pueblos.

La publicación de la democrática Ley del Nuevo Estatuto Municipal y su Reglamento en el año 1921 fue la que hizo unirse más aún a los vecinos y volver a la carga y solicitar, nuevamente, la segregación. Las cinco juntas administrativas unidas presentaron solicitud en Cistierna, que por falta de un documento fue denegada. Fue repetida; también fue rechazada.

A pesar de ello los vecinos interpusieron recurso ante el Tribunal Contencioso Administrativo de León, que al cabo de dos años sentenció a su favor. ¡Habían conseguido la segregación!

Triquiñuelas

Pero las triquiñuelas de los “perdedores”, que no se daban por satisfechos, hizo que intentasen endeudar fuertemente al Ayuntamiento para dificultar la segregación. Pero no contaron con la tenacidad de los vecinos del valle, que protestaron enérgicamente: no la pudieron llevar a efecto.

Los trámites se prolongaron más tiempo que la sentencia dictada el 14 de octubre de 1926, teniendo que intervenir el párroco de la localidad, Segundo González, quien fue incansable y febril sus gestiones, llegando a solicitar la intervención del autor de la Ley, el excelentísimo José Calvo Sotelo.

Esta intervención fue definitiva y el Delegado Gubernativo lo comunicó a las juntas administrativas en los primeros días de enero de 1927. El mismo gobernador, el “señor Maurille” se presentó en Sabero el día 10 de enero de 1927 para constituir el nuevo Ayuntamiento.

La noticia fue celebrada por todo lo alto por los vecinos del valle, organizándose una fiesta religiosa la víspera del acontecimiento. El día 10 de enero se paralizaron todos los trabajos en la cuenca minera, se cerraron los comercios y las escuelas; se adornaron los edificios, se levantaron arcos en la Plaza El Cantón, se voltearon las campanas, se detonaron cientos de descargas de dinamita hasta que apareció el Delegado, acompañado de autoridades, para dar comienzo a la sesión constitutiva a las doce del mediodía, con la entrega de credenciales a los señores concejales. Invistió como primer alcalde de Sabero a don Wenceslao García, que a su vez nombró segundo teniente de alcalde al maestro nacional don Antonio Trapiello, para finalizar con una fiesta o banquete de más de un centenar de comensales.

La pujanza y riqueza del valle creció tras esta fecha, muy en paralelo al desarrollo de la minería del carbón, que como en el resto de las cuencas mineras de la provincia se convertía en el sector económico motor y fuente (de) riqueza. También como en el resto de las comarcas carboneras esta riqueza se ha ido perdiendo, con el agravante de que esta es la primera cuenca que cerró sus pozos. Aunque el empuje de las gentes sigue peleando por intentar devolver el esplendor perdido a Sabero.