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Un lobo es abatido durante una cacería en Maraña

Un ejemplar de canis lupus signatus fue abatido durante una cacería celebrada en Maraña este pasado jueves.

Lobo abatido en la cacería .

Un lobo ibérico fue abatido en Maraña este pasado jueves, durante una cacería programada durante todo el día.

EL LOBO EN LA CORDILLERA CANTÁBRICA 

Alcanza un tamaño medio, los machos alcanzan entre 130 y 180 cm de longitud, y las hembras entre 130 y 160 cm. La altura de cruz puede llegar a los 70 cm. Los machos adultos pesan generalmente entre 35 y 50 kg, y las hembras pesan de 30 a 40 kg. En movimiento llama la atención el poderío de los cuartos delanteros en relación a la grupa, levemente caída.

El lobo favorece la conservación de los ungulados silvestres. Así lo aseguran desde el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas) tras estudiar cómo la presencia del depredador ha contribuido a impulsar la recuperación de una población concreta de corzos en la Cordillera Cantábrica.

En ellas se aprecia la decadencia de una población de corzos, debido a un enfermedad, y su posterior recuperación precisamente en una parte del territorio ocupada por una población estable de lobos. El presidente de la entidad, Roberto Hartasánchez, defiende que se trata de “un dato real, científico y contrastado”.

De manera que se encontraron con que “tenemos una población de ungulados enferma y una de lobos alta y más o menos estable, así que esa especie tiene que estar siempre sometida a la presión del lobo. Pero una vez que la especie está en unos mínimos poblacionales, de repente las cámaras empiezan a fotografiar corzos en un aumento que nos están llamando la atención, y los lobos siguen estando ahí. Luego es de suponer con mucha certeza científica que los lobos han tenido la oportunidad de capturar mucho las presas enfermas, y lejos de presionar tanto como para que la población se extinga, en todo caso la presencia del lobo la favorece porque con toda seguridad ha incrementado mucho la eliminación de individuos enfermos, asegura.

El técnico lamenta al respecto la frase esgrimida por los cazadores que advertía de que “hay tan pocos corzos que los van a matar todos los lobos”. “Pues no, los lobos no son los autores de la extinción de la especie”, sentencia.

De hecho, ambas especies conviven en la misma zona. Los corzos no la abandonan por la presencia del lobo porque “la dinámica de uso del territorio por parte de la fauna es muy concreta. Las especies ocupan nichos ecológicos específicos”, detalla.

En la Cordillera Cantábrica, en las horas centrales de día, los corzos se mueven por los valles en las zonas más cercanas a los arroyos y también las más frescas, donde haya hierba, “y si ese hábitat existe, pues lo ocupan, aunque esté el lobo”, recalca. “Ninguna especie se marcharía del territorio porque haya lobos, el lobo forma parte de la ecología de un territorio.

Consume presas, en algunos casos presas que están bien, pero evidentemente tendrá mayor preferencia por consumir presas que tengan dificultades físicas o enfermedades. Pero lo que siempre se ha establecido y es un criterio científico muy claro es que la presencia de un predador como el lobo nunca implica, por su presión predatoria, la desaparición de una especie.

Nunca sucede en la naturaleza porque él mismo se estaría autocondenando a desaparecer, nunca un predador acaba con su presa”, explica el técnico.