Inicio Nacional La reina Sofía llorando tras el encontronazo con Corinna en un hotel

La reina Sofía llorando tras el encontronazo con Corinna en un hotel

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El matrimonio perfecto que interpretaban ante España los reyes Juan Carlos y Sofía era una estafa. Así lo narran los cronistas de la Familia Real.

Jaime Peñafiel ha dado la razón a Pilar Eyre diez años después. El decano de los periodistas de Casa Real ha publicado en El Mundo que era cierta la historia de la habitación del Hospital Clínic de Barcelona donde fue ingresado Juan Carlos el 2010 para operarse de lo que él creía que sería un cáncer de pulmón mortal y acabó como un tumor benigno.

La historia parece una comedia teatral de puertas que se abren y cierran. La esposa y la amante entrando y saliendo para no coincidir.

La reina Sofía: la esposa y la amante

Escribe Peñafiel que Pilar Eyre publicó entonces que “Nadie de la Familia Real acompañó a Don Juan Carlos el día de la operación. Cuando la reina Sofía acudió al día siguiente, sólo estuvo unos minutos. Al marcharse, no sólo lo hizo muy triste. Sino que, en el aeropuerto y antes de subir al avión, la vieron llorar. Al parecer, en el hospital la presencia de “la amiga entrañable” era manifiesta. Se ignora si llegó a cruzarse con ella cuando subía o bajaba de la habitación”.

Es de justicia destacar que lo que entonces osaba publicaba sólo Eyre ahora lo ha confirmado la misma Corinna en las conversaciones que le grabaron: “El Rey pensaba que se iba a morir de ese cáncer y pidió que se me quedara con él para ayudarle a superar sus problemas de salud”.

La reina Sofía Humillada por Don Juan Carlos I

El rey sobrevivió y la reina fue humillada en Barcelona con Corinna “la otra” paseándose por el Clínic y que la viera todo el mundo, como los enfermeros o la fuente que lo explicó a la barcelonesa Eyre.

A pesar de la (“falsa”) buena cara de Sofía a las puertas del Clínic, nada era lo que parecía. Ni ella estaba feliz, con Corinna por los pasillos. Tampoco el rey se operó en la zona pública. Sino en la parte privada del centro hospitalario, con suites para clientes que se las pueden permitir.

El matrimonio era una farsa y todos lo sabían excepto los súbditos. Peñafiel recuerda una frase de Sabino Fernández Campo: “Los Borbones no se quieren entre ellos”.