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Argentina pasa a octavos de final gracias a Croacia

Después, ya con menos presión, ese Messi comenzó a hacer estragos, como si le hubieran roto las cadenas que lo ahogaban.

Es difícil responder esta pregunta, pero el autor de este texto intentará desglosar los motivos que esta paupérrima Argentina tiene para estar en octavos de final. Hay que comenzar por lo más lógico: ganó el partido que debía ganar y fue beneficiado por el triunfo croata.

Y quizás, de allí, salga una de las primeras observaciones: la Albiceleste tiene suerte. Unos le llaman mística, otros jerarquía, pero hay que decir que fue beneficiado por el abanico de resultados mientras vivía su debacle.

Está demostrado que darle cualquier opción de vida a equipos como Argentina, Alemania, Brasil y Uruguay es sentenciar el propio destino. Y Nigeria, que venció a Islandia, le dio oportunidad a los gauchos de que se repusieran ante ellos. El Mundial tiene esas historias de autodestrucción.

Incluso, en los 270 minutos y algo más que disputó la Albiceleste, parece que siempre tenía el dedo en el botón de autodestrucción. Pero no lo hundía porque, perdido y confuso, tenía a un Messi. Un jugador que, por más desconsolado que esté, algo inventa. En el duelo de esta parte en San Petersburgo, contra los africanos, apareció ese Messi para cruzar un balón de derecha y producir el desahogo, de él y de los millones de aficionados en su país.

Después, ya con menos presión, ese Messi comenzó a hacer estragos, como si le hubieran roto las cadenas que lo ahogaban. Y esa puede ser otra de las claves: tener a Lionel Andrés produce nerviosismo en las defensas rivales, por más que no ande, por más que esté con el botón de encendido hacia abajo, siempre condiciona mentalmente a los del otro lado.

Pero hablamos de los méritos y no mencionamos los horrores del elenco de Sampaoli, que fueron mucho más notorios: no hay equipo, malos funcionamientos tácticos, no se hacen jugadas elaboradas, la defensa es un flan, el mediocampo es un coladero y, sobre todos, la mente de los jugadores conlleva un mar de nervios. Aunque estas historias de la Argentina herida ya se han visto, ellos saben resurgir de las cenizas.

Esa puede ser otra de las motivaciones de ese grupo: tiene el orgullo en el cielo tanto que, a pesar de vivir en el infierno, siempre se sobrepone. Sobre todo después del gol de Nigeria de penal, de Víctor Moses, después de un error infantil del ya desgastado Javier Mascherano. Y todo lucía perdido, incluso parecía que los africanos lapidarían a los argentinos, pero no lo hicieron. Como se mencionó, es un gran error.

Lo confirmaría el tanto de Marcos Rojo, al minuto 85′, que desató la locura en el estadio del Zenit. Gauchos unidos en un abrazo, en llanto, en cánticos, tal vez hasta les avergüence celebrar un triunfo ante Nigeria en fase de grupos de un Mundial, pero las circunstancias los hicieron volver a la tierra y darse cuenta que hoy son más mortales que nunca.

Retomando el tema de los motivos, entonces, hay que reducirlos a tres: a la suerte, a Messi y a su orgullo. Porque, desde lo futbolístico, fue de los combinados que menos ofreció de los 32 en contienda. La victoria, y la clasificación, les puede servir para cambiar el chip contra Francia, el próximo sábado (9:00 a.m.), en el primer duelo de cuartos de final.