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Conceptos básicos de economía para entender un buen préstamo

No es necesario ser un experto en finanzas a la hora de elegir entre las diversas formas de financiación, pero tener una base nos puede facilitar la elección

Oír hablar de cuestiones económicas suele ser para la gran mayoría una temática tediosa e incluso aburrida. Los motivos pueden ser diferentes entre una persona y otra, pero generalmente el principal suele ser un disposición de conocimientos limitados sobre la materia.

Pero, cuando surge la necesidad de iniciar un trámite que requiere de esta preparación, es posible que echemos en falta no haber tenido la oportunidad de revisar unos cuantos conceptos que pueden hacernos la vida más fácil. Precisamente uno de los trámites más comunes con los que lidiamos la mayoría suele ser el préstamo financiero.

Mira el siguiente enlace para más información:

https://es.wikipedia.org/wiki/Cr%C3%A9dito

Principios básicos fundamentales de economía para entender la financiación

Vamos a ir desglosando por partes los elementos clave a tener en cuenta para saber cómo las entidades financieras calculan el riesgo a la hora de prestarnos el dinero, así como los elementos de un financiamiento, https://www.fundapymes.com/plazos-del-financiamiento-y-tasas-de-interes-bancarias-parte-3/ que pueden resultarnos de utilidad para saber cuánto pagaremos en el tiempo y comparar de manera simple entre todas las opciones.

La calidad crediticia

Esto puede sonar muy técnico pero es uno de los fundamentos https://trabajoypersonal.com/fundamentos-de-economia/ más básicos que puede ser resumido en la siguiente pregunta: ¿De qué medios disponemos para pagar un crédito y cuál ha sido nuestro historial para aventurarnos en nuevos préstamos?

Por un lado tenemos nuestra confianza con el sector. Muchas entidades financieras comparten en una base de datos nuestro historial de compras financiadas. Si hemos ido cumpliendo con los pagos, si nos hemos retrasado, si hemos dejado de pagar o, incluso, si hemos acabado con algún tipo de embargo. Pero cada vez más ocurre, para nuestro favor o nuestra desgracia, que los bancos disponen de menos información (en teoría) por el reforzamiento de las leyes de privacidad.

Esto juega a favor de quien no paga, pero juega en contra de quien si paga correctamente. Los bancos tienen que hacer una media para compensar las pérdidas de aquellos con los que asumen demasiado riesgo, a costa de aquellos que pagan religiosamente. Por eso, si creemos que somos y hemos sido buenos pagadores, tenemos que pensar qué pruebas podremos aportar para demostrar nuestra confianza. Cuantas más pruebas, mejores descuentos nos aplicarán los bancos y a mayor importe tendremos acceso.

Por otro lado, tenemos nuestra capacidad de pago. Si dijéramos que la confianza es el pasado, la capacidad entonces sería el futuro. Generalmente aquí las entidades no suelen complicarse mucho: la nómina y todos aquellos ingresos recurrentes que dispongamos serán su prueba principal.

También influyen otros factores como: el tiempo que llevemos en una empresa; la importancia de nuestro puesto de trabajo (no es lo mismo que por el contrato seamos totalmente prescindibles, a que nuestro puesto esté prácticamente blindado). Por ello, si somos capaces de demostrar nuestra solvencia a futuro, ganaremos gran cantidad de puntos, que abaratarán aún más los costes de nuestra futura financiación.

El tipo de deuda

Este es el segundo factor más importante. Una vez hayamos sido capaces de saber cuánto poder de negociación tendremos, gracias a nuestra calidad crediticia, debemos tener presente que no todas las deudas, son adecuadas para los diferentes tipos de adquisiciones que debamos realizar por diversos motivos.

Vamos a desglosar algunos tipos de deuda más comunes, sus principales usos y situaciones más favorables en función de la misma.

Préstamos hipotecarios

Como su nombre indica, este tipo de financiación constituye la creación de una hipoteca. Tienen este nombre porque el titular del préstamo ofrece una garantía adicional, a las que habíamos comentado anteriormente en el apartado de la calidad crediticia: el bien que se hipoteca. Pero, sin lugar a dudas, en este tipo de préstamos, la calidad crediticia es lo más importante, dado que suelen tener unos periodos muy largos de devolución y el riesgo que asume la entidad es alto.

Por eso este tipo de préstamos solo se suele ofrecerse para adquirir bienes que no pierden valor rápidamente, como terrenos, casas, o incluso una joya valiosa u otro bien de inversión.

En caso de que sea un bien lo que vayamos a adquirir, pero su valor caiga rápidamente, existen otros tipos de financiaciones más adecuadas.

Préstamos al consumo

Están destinados a pagar elementos duraderos, de importes relativamente altos, pero que pierden el valor tras su compra. Estas opciones financieras acomodan sus intereses y sus plazos a la devaluación del bien adquirido, para que sea fácil de cancelar el préstamo en caso de que sea imposible de seguir pagándolo y el producto de segunda mano deba ser liquidado.

 

Préstamos personales

Finalmente, y aunque existen más tipos, el último que merece la pena destacar es el destinado a pagar necesidades puntuales a muy corto plazo. En este tipo de préstamos la calidad crediticia no se tiene demasiado en cuenta, dado que hablamos de importe bajo y un periodo de devolución muy corto.

De hecho, algunos proveedores pueden sin nómina, como te anuncia este tipo de webs https://www.wonga.es/dinero/sin_nomina formalizar este tipo de créditos, dado que, en el fondo, aportar una mayor confiabilidad no tiene demasiado sentido. Se entiende que si uno no puede pagar un importe pequeño en un momento determinado de su vida, es por un motivo de peso, que este tipo de entidades no pararán a estudiar.   

Digital de León