Inicio Curiosidades ¿Dónde estamos más seguros? Los objetivos han cambiado

¿Dónde estamos más seguros? Los objetivos han cambiado

Casi sin darnos cuenta, el orden en nuestras prioridades ha ido modificándose, hasta el punto en el que, hoy por hoy, muchas personas consideran más grave olvidar el teléfono en casa que la cartera o las llaves.

Esto no deja de ser un indicativo de que las cosas están cambiando, de que nuestros bienes más preciados ya no son tan tangibles y que la seguridad poco a poco se está dirigiendo a otros objetivos.

Acontecimientos como los que estamos viviendo en estos últimos años ponen de manifiesto que la seguridad física sigue siendo absolutamente necesaria: el control de acceso de personas y objetos a aeropuertos, parques de atracciones, conciertos, estadios y, en general, espacios cerrados en los que se agolpan las multitudes, es una prioridad que incluso se ha debido reforzar a raíz de recientes atentados. Es en parte también por esto que se están produciendo en espacios exteriores, a cielo abierto.

Uno de los objetivos recurrentes que suelen necesitar los más sofisticados sistemas de protección y defensa, tanto físicos como tecnológicos, son los casinos, verdaderos almacenes de dinero y un reclamo perfecto para cualquier ladrón. Sin embargo, se ha podido comprobar que en este sentido son un verdadero ejemplo a seguir, y de hecho, muchos bancos copian sus sistemas para proteger sus arcas. Aquí intervienen recursos humanos que son sometidos a exhaustivos exámenes psicológicos y que además son, en muchos casos, investigados para conocer posibles antecedentes, y por otra parte, los mejores softwares de reconocimiento de identidades y cotejo de datos.

Lo que detectamos, pues, con este modelo, es que el factor humano es, y siempre será, muy importante en la seguridad, no sólo por la presencia y el uso de la fuerza si procede, sino también por la intuición que puede aportar frente a un software una persona con emociones, que contempla variables hasta ahora no tan evidentes para las máquinas. Aún así, la tecnología se ha convertido en una herramienta indispensable para controlar la seguridad, en un mundo en que hemos digitalizado nuestras pertenencias más valiosas, y también nuestra identidad. Los hackers lo saben muy bien y hoy día les renta más buscar brechas en las más golosas fuentes de Big Data que atracar a punta de pistola en locales o por las calles.

Sólo echemos un vistazo a nuestra propia vida: compartimos incesantemente fotos y videos que minan nuestra privacidad. Algunos lo hacen de manera más responsable que otros o con un grupo muy restringido de gente, pero de una u otra manera, en cuanto un documento se transmite a través de un servidor y un receptor tiene acceso a él, perdemos el control sobre la difusión o manipulación del mismo.

No sólo estamos hablando de fotos y videos, por supuesto, sino también de geolocalizaciones, mensajes de estado y check-ins que indican cuándo, dónde y para qué estamos o dejamos de estar. Si bien las redes sociales nos brindan cada vez más herramientas para controlar la información que ponemos a disposición de nuestro público, pocos se conciencian de su importancia, y en un mundo en el que los nativos digitales son muy jóvenes y los adultos tienen más dificultad para asimilar nuevos conceptos, el problema es el mal empleo de dichas herramientas de seguridad.

Casos como el sonado CelebGate, que todavía sigue dando que hablar, han demostrado que la información es poder, porque se emplea como moneda de cambio. La foto de una famosa desnuda puede abrir muchas puertas en la Deep Web, pero no sólo las celebridades son foco de ataque. Las personas de pie somos el gran objetivo de aquellos que buscan el acceso a nuestras cuentas bancarias y tarjetas de crédito. El hackeo de identidades puede conducir muy fácilmente a los más osados directamente a nuestros datos financieros. iCloud, Google Play, Dropbox, o incluso nuestra cuenta de Privalia pueden suponer una barra libre de datos para dilapidar nuestro dinero. Las grandes marcas lo saben y priorizan invirtiendo importantes sumas en seguridad frente a ciberataques.

Como en el mencionado caso de la seguridad en un casino, es realmente importante que las personas estén formadas y preparadas para combatir los ataques. Si bien las entidades más valiosas son responsables de ofrecer la seguridad más extrema para proteger nuestros datos, también nosotros debemos saber detectar y prevenir. Así, al recibir emails de phising simulando ser un email de nuestro banco, es también responsabilidad nuestra analizar si efectivamente el remitente es quien dice ser, y la url de destino la que supuestamente debe de ser. Ya no sólo los bancos sufren ataques phising, sino grandes empresas como Apple. Por este motivo, también es importante cambiar regularmente de contraseña por muy incómodo que nos resulte, o tener una contraseña diferente para cada cuenta.

Mientras que hace unos años era muy común el robo de teléfonos móviles, con la era smartphone esta práctica se fue volviendo cada vez más complicada. Las mencionadas identidades (Apple ID, cuenta de Google) permiten bloquear de manera remota el dispositivo e inutilizarlo. Esta seguridad se ha reforzado con las contraseñas biométricas, mediante huella dactilar o incluso nuestras propias facciones. Por tanto, la atención y la prioridad han quedado desplazadas precisamente al robo de dichas identidades. ¿Para qué robar un smartphone o una cartera pudiendo acceder a todo desde una base de datos?

Por supuesto que no es tan sencillo desbloquear una ID como pegar un tirón a un bolso, y por supuesto que debemos permanecer alerta a los robos y ataques tradicionales en espacios abiertos o en ambientes multitudinarios, pero lo que ha cambiado es que antes nos relacionábamos con un número más o menos limitado de personas de manera directa, y actualmente, nuestra huella digital es de acceso universal, de manera que, estadísticamente, tenemos más posibilidades de recibir un ataque, que puede venir desde cualquier otra parte del mundo, a diferencia de antes. ¿Estamos preparados para afrontarlo? Lo que queda claro es que si nos involucramos en nuestra propia seguridad, minimizamos las probabilidades de éxito de estas iniciativas.

Digital de León