El cineasta vasco Miguel Ángel Jiménez, director de películas tan bellas y dolorosas como “Ori” (2009) y “Chaika” (2012), ha rodado un thriller sobrecogedor que ha titulado “La mina”, una historia de familias marcadas por el amor de padres, hijos y hermanos contaminados por un entorno claustrofóbico.

“Cuando se vive en zonas muy desestructuradas económicamente en medio de una naturaleza que aísla a sus habitantes, los personajes solitarios chocan entre sí; todos anhelan tener en quién apoyarse, tener una familia que les sea fiel. Y algunos idealizan esa idea hasta llegar a hacer cosas terribles por conseguirlo”, explica el director.

La película, que se estrena el próximo 29 de julio, cuenta el regreso al hogar de un presidiario que dejó atrás una esposa y un hijo, quienes quedaron a cargo de su hermano pequeño, el pastor de la pequeña congregación en la que viven, secretamente enamorado de su cuñada.

El joven, que está decidido a recuperar a su familia, acepta un empleo de vigilante nocturno de la mina inactiva en la que murió su padre y que, durante años, hasta que se cerró, fue el sustento de todo el pueblo.

A pesar de que la mina real donde se rodó la cinta está situada en Asturias, en concreto, en Monsacro, en la Foz de Morcín, nadie discute que sus protagonistas viven y proceden de Kentucky, no solo por el parecido del entorno de ambas regiones, sino porque Jiménez ha sabido crear un ambiente inequívocamente estadounidense.

Rodada en inglés, con la mayoría de actores extranjeros que viven en España, y apoyada en una potente banda sonora creada e interpretada por el protagonista, el cantante country Matt Horan, líder de la banda Dead Bronco, la película recrea un momento atemporal de la vida de estos jóvenes, perdidos en el ostracismo de la rutina.

El director reconoce que desde el principio tuvo en mente la oscarizada cinta “Winter’s Bone” (2010), de Debra Granik, y que le sirvió de inspiración para “ambientar la granja con basura, la típica cama elástica y juguetes de los niños tirados por ahí”, como reflejo de la deprimida vida del sur.

“Es curioso lo similares que son las cuencas mineras de Virginia y Kentucky y Asturias, a veces es imposible diferenciarlas; cuando estuvimos por allí grabando algunos planos que no podíamos recrear aquí, nos dimos cuenta de que, además, allí también estaban los restos de la misma depresión económica, las drogas, el alcohol”, comenta.

La película, como la propia historia, se cuenta en dos niveles: la vida de la granja familiar, la relación de los hermanos y los recuerdos que estos conservan de su niñez, y la subterránea, que nunca aparece nítida.

“Lo que ocurre bajo tierra decidimos concentrarlo en los últimos quince minutos y dejar que fuera lo más terrorífica posible con los medios que teníamos. Decidimos darle un toque lo más bestia posible, pero siempre realista, aquí no hay fantasmas”, desvela el director.

Detrás de “La mina” se encuentra la histórica productora Impala, responsable de cintas como “La escopeta nacional” o “Al otro lado de la cama”, y se distribuirán, a través de VerCine, 150 copias, algunas de ellas en versión original, “lo cual es casi un milagro”, concede Jiménez, convencido de que la cinta “gana” en V.O.

Cargada de imágenes impactantes, la película también juega con símbolos y metáforas que el espectador agradece, como el hecho de que el hijo de la pareja sea un niño sordomudo (Haritz Bisquert, que es sordomudo de verdad), lo que “complica aún más la comunicación con su padre”.

Jiménez añade asimismo que la película también da “señales de que lo que pasa, aunque el espectador no sepa bien si lo que ve es la propia paranoia del protagonista”.

Con Horan, que debuta en el cine, figuran en el reparto la actriz, modelo y cantante Kimberly Tell, el estadounidense residente en Madrid Jimmy Shaw (“Wax”), y el irlandés Denis Rafter.