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La venganza de Tristán, denuncia a 800 vecinos tras ser él mismo multado por ese mismo motivo.

“Tengo mucho tiempo libre porque soy pensionista. Solo pido que la ley sea igual para todos”.

Un hombre jubilado de 61 años de Salamanca ha denunciado a cerca de 800 vecinos de su ciudad por el cierre de sus terrazas, tras ser él mismo multado por ese mismo motivo.

Tristán, que es el nombre del protagonista de esta historia, decidió responder así a la sanción que le impuso el Ayuntamiento tras la denuncia de uno de sus vecinos.

Los hechos se remontan a 2014, cuando Tristán comunicó a su comunidad que tenía intención de cerrar su patio y que nadie se opuso. Llamó a un amigo cerrajero y le cobró 5.800 euros. Vino 2017 y el vecino de arriba se querelló. “Que ni vive aquí, ni cristo que lo fundó. Me denunció porque temía que le treparan y sufrir algún robo”.

Con la denuncia interpuesta, el Ayuntamiento notificó a Tristán una sanción de 18.200 euros por este cerramiento ilegal. La legislación dice que no se pueden hacer obras en los balcones y patios si no figura en la escritura y, como la Concejalía de Urbanismo no suele actuar de oficio, los ciudadanos las cierran sin pedir permiso y propicia que se denuncien entre ellos.

Tristán cobra una pensión de 1.200 euros y, asustado ante la cuantía de la multa, decidió retirar su obra volviendo a llamar a su cerrajero de referencia.

Antes de enfrentarse a la sanción, se presentó en el Ayuntamiento y les dijo a los empleados que ya había retirado el techado. Allí, según su versión, le dijeron que no había vuelta atrás porque le había denunciado un vecino. Y enrabietado, cogió lápiz y papel y se puso a recorrer durante varias semanas los distintos barrios de la ciudad. “Tengo mucho tiempo libre porque soy pensionista. Solo pido que la ley sea igual para todos”.

Al poco tiempo se presentó con 300 denuncias que han llegado a afectar a 800 vecinos. “No conozco al hombre este, pero ha hecho un trabajo exquisito. Para hacerle un monumento, vamos”, dice Emilio Collado, de 60 años. Él es uno de perjudicados por la vendetta de Tristán. Este jubilado vive en la milla de oro de los cerramientos: la avenida Villamayor; a cinco minutos caminando del centro. Aquí todos los portales cuentan con terrazas selladas. Segundos, terceros, cuartos, quintos, áticos…

Hoy la terraza anaranjada de Tristán espera sentencia. Será a finales de abril, porque ha decidido recurrir. Los 800 vecinos denunciados podrán hacer lo mismo si deciden tomar la vía judicial. “Si tengo que pagar, pagaré”, dice Tristán. “500, 600, 1000 euros, una cosa razonable. Pero hombre… 18.000”. Su abogado le ha dicho que, mientras tanto, ahorre.

Fuente Principal: El País.