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Firmado un acuerdo de colaboración entre la ULE y el restaurante ‘El Ermitaño’

Permitirá prácticas de alumnos y la investigación de nuevas técnicas de cocina en colaboración con el Departamento de Higiene y Tecnología de los Alimentos.

Permitirá prácticas de alumnos y la investigación de nuevas técnicas de cocina en colaboración con el Departamento de Higiene y Tecnología de los Alimentos.

La Universidad de León (ULE) y el Restaurante ‘El Ermitaño’ han suscrito en la mañana de hoy un acuerdo marco de colaboración en el transcurso de un acto desarrollado en el edificio de rectorado, que ha contado con la presencia del Rector, Juan Francisco García Marín, el profesor José Mª Fresno Baro, del departamento de Higiene y Tecnología de los Alimentos, y el cocinero y gerente del restaurante, Pedro Mario Pérez Alonso, que ha acudido acompañado por el también cocinero Noé Domínguez Olloqui.

El convenio tiene el principal objetivo de colaborar con el Departamento de Higiene y Tecnología de los Alimentos de la ULE para investigar el desarrollo de nuevas técnicas de cocina, así como en la formación de alumnos en este campo.

El texto también expresa su intención de agilizar los proyectos de colaboración entre ambas partes y contempla actuaciones como la organización conjunta de encuentros, jornadas y seminarios, el asesoramiento científico-técnico y académico, la cooperación en proyectos de investigación conjuntos, así como cualquier otra iniciativa que pueda ser de interés.

UN RESTAURANTE DE PRESTIGIO, CON MÚLTIPLES RECONOCIMIENTOS

 

‘El Ermitaño’ está ubicado en la localidad zamorana de Benavente, en una casa señorial que en tiempos perteneció a los Marqueses de los Salados.

La propiedad, denominada ‘Huerta de los Salados’, cuenta además con la presencia de una pequeña ermita datada en 1775 y, según se explica desde la gerencia del propio restaurante, “es el legado que Manuel Pérez y Hortensia Alonso dejaron a sus hijos, Pedro y Óscar. Su padre después de dedicarse toda una vida a trabajar, decidió invertir sus ahorros y adquirió la finca donde actualmente se ubica el restaurante. Su única pretensión era la de crear un típico merendero castellano, puesto que era un gran amante de la gastronomía, y su mujer estaba dotada de una buena mano en la cocina”.

Así fue como el 27 de octubre de 1989 El Ermitaño abrió por primera vez las puertas de un restaurante que, con el transcurrir de los años, ha cosechado grandes éxitos y reconocimientos, entre los que destaca la concesión de la estrella de la Guía Michelín, o el Premio Cándido a la investigación gastronómica y turística que recibió en el 2009.