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¿Estudiar en universidades como Harvard, Stanford o Cambridge de forma gratuita? ¿Es real esta afirmación? Sí, y no. Esto se debe a la eclosión de los cursos MOOC. ¿Qué son los MOOC? En su traducción al castellano, cursos online masivos y abiertos que impartes universidades de prestigio en todo el mundo.

Si son realmente una revolución, una evolución o una moda pasajera, es algo que hemos preguntado a diversos agentes educativos de todos los órdenes. Queremos indagar sobre si realmente los MOOC han revolucionado la educación o han sido un ejemplo magnífico de marketing.

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¿Democratización de la formación?

La Formación Online en modalidad MOOC se ha adjetivado como una democratización del conocimiento, como la vanalización de la formación básica y superior, o como la evolución lógica de otras modalidades educativas como la educación a distancia. Que una web de cursos online ofrezca formación gratuita ha dejado de escandalizar, si bien se sigue tomando con cierta precaución.

¿Qué valor aportarán al estudiante una formación por la que no tiene que pagar? Esta es una de los grandes retos a los que continúan enfrentándose los cursos MOOC. Desde las ópticas negacionistas argumentan que sin una contraprestación ciertamente se abre la puerta de formación a cualquier individuo pero se devalúa el tiempo, la formación y la experiencia que aportan el profesor y los profesionales que con él colaboran.

En el otro lado de la balanza, los promotores de este tipo de iniciativas resaltan el poder del conocimiento por encima de lo económico. Al abrir estas píldoras de formación y cultura, posibilitan que talentos desconocidos que de otra forma no podrían acceder a este tipo de formación salgan a la luz.

Frente a este argumento, surge el siguiente hilo de debate: ¿cómo se financian? ¿Son modelos de negocio sostenible? ¿Qué beneficio obtienen instituciones como Harvard o Cambridge al ofrecer formación online gratuita?

Las plataformas aseguran que la financiación no es su prioridad. Preguntadas por el motivo tras la instauración de los certificados oficiales mediante pago, sustentan su argumento sobre el valor simbólico que en sociedades como la española se asocian a los títulos. También forman una parte importante de sus recursos financieros.

Su discurso se centra sobre todo en la oportunidad que han abierto para desarrollar nuevos formatos educativos más allá del libro y la presencia del alumno o del docente en la sala. Su objetivo, aseguran, es demostrar que para aprender no es necesario un libro sino una metodología implicativa para con el alumno e inmersiva en su experiencia.

¿Auténtica novedad?

Para los más ardientes detractores, los MOOC revelan la evolución tecnológica de prácticas educativas anteriores. Como por ejemplo, la educación a distancia. Antes del despegue tecnológico, quienes buscaban obtener un título universitario o académico, sin tener (o poder) que desplazarse a otra ciudad, optaba por matricularse o bien en los bachilleratos a distancia o en las carreras universitarias a distancia.

Entonces, ¿dónde reside la revolución? Como apuntan los expertos consultados, la innovación no atañe tanto a la metodología sino al canal. Del correo hemos pasado a la pantalla; de la espera al directo (o al menos a un falso directo o diferido).

La tecnología, en tanto se ha expandido, ha traído consigo la oportunidad de recibir casi instantáneamente cualquier contenido, en cualquier punto geográfico que disponga de un dispositivo conectado a la Red.

Desde 1999, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), instauró una interesante iniciativa que posteriormente han replicado otros centros de conocimiento: los Open Course Ware (OCW), iniciativa a través de la cual hacían públicos y accesibles al gran público los materiales docentes de los cursos y asignaturas oficiales que impartían entonces.

Esta realidad pone de relieve el interés que está demostrando la comunidad educativa por expandir su conocimiento y generar nuevos campos a través de la cooperación.

Porque en estas comunidades de aprendizaje, si bien existen unos profesores y unos tutores, como explican desde los responsables de estas plataformas, el protagonismo recae en los propios alumnos. En ocasiones, añaden, esto llega al punto en el que cada ejercicio propuesto debe ser revisado y evaluado por otros compañeros.

¿No supone esto una devaluación de la formación? Los defensores argumentan que al contrario de lo que se pueda pensar, un MOOC en el que participe la comunidad de forma activa implica mayores redes de creación de conocimiento. Aquí, apuntan, reside el valor de los cursos masivos: el aprendizaje comunitario que genera nuevas vías de aprendizaje.

Por el contrario, desde diversos colectivos apuntan a que han existido otras iniciativas similares, menos masivas pero que han ayudado realmente a personas a conseguir logros académicos y profesionales. Tal es el caso de Radio Ecca, que nació en las Islas Canarias en los años sesenta. A través de las ondas ha formado y ayudado a obtener certificados educativos a varias generaciones de radioyentes.

¿Su sistema? Un mix de educación a distancia y educación en directo, algo que recuerda a la particularidad que parecen haber puesto de moda los MOOC.

¿Hacia dónde avanzarán los MOOC?

Todo producto tiene un ciclo de vida. Tras el nacimiento y crecimiento, llega el momento del estancamiento y posterior muerte. ¿Se encuentran actualmente los MOOC en un punto muerto?

Hace más de cinco años de su expansión global. A día de hoy, realizar un MOOC ha perdido parte de su glamour. El toque exclusivo y cool de tener un certificado que te reconoce como alumno en un curso online gratuito en cualquiera de las universidades que participan en la propuesta, ha dado paso a la masificación de los cursos y la devaluación de su aportación.

Desde las entidades promotoras de formación online masiva, insisten en que el futuro de la formación MOOC implica la hipersegmentación de contenidos. Si en los primeros cursos se ofrecían píldoras de varias áreas de una materia, actualmente la tendencia sigue una pauta de selección de una materia por curso. La agrupación de varios temas de un campo concreto se ofrece también como especialización con un coste por curso.

A diferencia de los modelos españoles donde cada materia se puede dividir en varios cuatrimestres y años, los MOOC apuestan por un modelo estadounidense de cursos monográficos. Estos permiten al alumno focalizar su especialización, sobre todo ante una sociedad que cada vez demanda más conocimiento especializado y aptitudes para su desempeño práctico.

Desde los centros e instituciones que ofertan formación online aseguran que no ven a los MOOC como competencia directa. De hecho, aseguran que han impulsado la aceptación de sus modelos educativos con una normalidad que antes brillaba por su ausencia. La presencia de estos cursos gratuitos, insisten, han mitigado algunos de las barreras que frenaban a potenciales alumnos por ser una modalidad online.

Eso sí, aseguran que también han generado un alumno más implicado con la oferta formativa, con la tecnología a su disposición y su formación. El alumno de cursos online hoy es más exigente con la entidad, la materia y sus responsables. Sin embargo, no contemplan un escenario en el que la formación universitaria sea completamente abierta y gratuita.

Digital de León